Media Outlet, background:

Diario Las Américas

Estorino was a member of the Junta Patriótica Cubana,formed in the early 1980s, which advocates the violent overthrow of the Cuban government. During the same period that Estorino was employed by the U.S. government he was also 1) Executive director of the morning news show of a right-wing Miami radio station WACC; 2) Host of that station’s daily evening drive-time interview show, “El Portal,” and 3) Co-host of “Al Día,” a daily news and opinion show. Since 1997, he has been a regular columnist for the Miami newspaper Diario las Américas. (see CV) Within days of the Cuban Five’s arrest, Estorino wrote several articles for Diario las Américas about the Cuban Five, in an extremely biased manner.

Proof of Government pay:

Oct.2010LiberationnewspaperFOIA(Oct.’02–Dec.’03)
CV shows U.S. gov’t employment beginning March 1998
Cuba Money Project documents
Federal Procurement Data Systems (USIA data)

Paid amount:

(Proof of Estorino’s U.S. government employment can be found in his Curriculum Vitae (attached) along with his extensive work as radio news commentator on Miami radio.

Date Amount
11/15/98 $27,000.00 (U.S. Information Agency)
01/15/00 $34,000.00
02/15/01 $28,000.00
(10/16/02 – 12/01/03) $15,050.00
Total known so far during Cuban Five’s prosecution: $89,000.00
Total $104,050.00

I. Estorino’s U.S. government employment record, in his CV:

Four-page CV, listing “U.S. Government, Employer” starting March 1998.

CLICH HERE TO SEE PDF

Articles written during period of U.S. government employment:

(Radio Martí: March 1998 – August 2001; TV Martí: March 1998 – present)

Diario Las Américas, viernes 18 de septiembre 1998, página 4-A
Por Julio Estorino

El tema de los espías, por llamarlo de alguna manera, es inescapable. El caso de la captura y denuncia de una supuesta red de espionaje castrista, por parte de las autoridades de Estados Unidos es tema obligado. Hay que hablar de ello, quieras que noy aunque yo preferiría hacerlo con mayores elementos de juicio que los que hasta ahora se conocen, creo que no es temprano para algunos comentarios que como decimos en Unión de Reyes, se caen de la mata.

Independientemente del caso en particular, me parece a mí que nadie que conozca, siquiera por aproximación, el talante de Fidel Castro; su maldad, su prepotencia y sus sueños de grandeza, pueda dudar de que algo como lo que se ha descubierto y denunciado esté dentro de sus quehaceres. A lo largo de su prolongado reino de terror, muchos han sabido y casi todos hemos supuesto que, efectivamente, aquí, en este país, en Miami, entre nosotros, se mueven y actúan agentes del castrato con diversas misiones, ninguna de ellas muy buena que digamos.

Lo novedoso de este caso consiste en que el mismo viene a confirmar esos criterios, por una parte, y por otra, el que, por primera vez, el gobierno de los Estados Unidos decide detener y encausar a alguien — diez personas en este caso — bajo la directa acusación de trabajar para los más siniestros intereses del régimen castrista y, por consiguiente, hacer de esto cosa pública.

Al preguntarnos ¿por qué se hace esto ahora? Tendríamos que responder desde el mundo de las conjeturas y es mucho lo que cabe en él. Sin embargo, si conjeturamos desde lo lógico, habrá que concluir que algo como esto no se decide en Miami y que cualquiera que haya sido la razón para este inusitado proceder de Washington, la captura, denuncia pública y acusación formal de espías del castrismo no sucedería si la intención fuese el entendimiento, el apaciguamiento o la normalización de relaciones con La Habana.

Esto no es buena noticia para Fidel Castro, pero, al mismo tiempo, desarticula en buena medida el discurso, de algunos entre nosotros, cuya argumentación y enfoque de la actual situación cubana se caracteriza por un acendrado antiyanquismo, más visible a veces que el propio anticastrismo que se supone los mueve.

Así, anuncian permanentemente la “inminencia” de un pacto o acuerdo entre el gobierno de Estados Unidos y la dictadura de Fidel Castro, cuando no la existencia de un secreto entente entre ambos, destinado exclusivamente a favorecer al tirano, pacto que, hata el minuto en que escribo esto, no se ha visto por ningún lado.

De igual forma, mantienen un estado de perenne enquistamiento entre Miami y Washington que lastra gravemente lo que debiera ser una relación provechosa para la libertad de Cuba, pues no te puede ayudar o dejar destorbar aquel a quien día a día calificas con los peores epítetos, y lo peor de todo, censuran como “herejía anticubana” cualquier intento de revisar nuestros propios errores. No los tenemos, no los cometemos. Hablar de ello es “hacerle el juego al enemigo”. Los americanos tienen la culpa de todos nuestros males, y se acabó.

No quiero decir con esto que hay que eximir a Washington de sus propios errores, pasados y presentes, en lo que a Cuba se refiere. No quiero decir que haya que confiar ciegamente en nadie. No quiero decir que no haya en todas las ramas del gobierno de este país gente que daría el alma por poderse entender con Castro. No quiero decir que no haya algunos, incluso padeciendo de cierta perversa admiración por el déspota. No quiero decir que si éste se dejara querer, si las circunstancias fueran otras, no estarían ya en pleno contubernio.

Pero no estoy hablando de lo que potencialmente sería, sino de lo que, en este minuto es, de algo de lo que nos revela el público “destape” de estos supuestos espías de Castro en Miami.

Claro que no faltará quien diga lo contrario y atribuye lo ocurrido a la más tenebrosa artimaña de la “gran conspiración” cuyo supuesto gran objetivo — inexplicado e inexplicable — es “oxigenar” a Fidel Castro y mantenerlo en el poder por los siglos de los siglos. Recuerden, sin embargo, que hablé de conjeturar desde la lógica, no desde el delirio.

Muchas otras conclusiones interesantes pueden sacarse del “caso de los espías” y, sin duda, los días venideros ofrecerán más tela por donde cortar. Estemos al tanto, pues, que esto se pone interesante. Muy interesante, carya.

Diario Las Américas, Friday, 18 September, 1998, page 4-A
Julio Estorino

The issue of the spies, just to call it something, is inescapable. The matter of the capture and denouncing of an alleged pro Castro spy ring, by the U.S. authorities, is an obligatory subject. We must talk about it, even if you don’t want to and despite my preference to do so with stronger evidence than what is currently known. I don’t think it is too early for some comments, as we say in Union de Reyes, they will fall from the tree.

Independently of this particular case, it seems to me that anyone that even approximately knows the will of Fidel Castro; his wickedness, his prepotency and his dreams of grandeur, could doubt that something like what was discovered and reported would be in his list of things to do. Throughout his lengthy reign of terror, many have known and almost all have assumed that certainly in this country and in Miami, amongst us, there are Castro agents moving about and performing different missions, none of which we can say are any good.

The novelty of this case is that it confirms this criteria on the one hand, then on the other, for the first time the United States government has decided to arrest and prosecute someone — ten people in this case — under the direct charge of working for the most sinister interests of the Castro regime and consequently make this public.

In asking ourselves, why do this now? We would have to respond from the world of conjecture, into which much fits. However, if we conjecture from the logical, we would have to conclude that something like this is not decided in Miami and that whatever the reason for this unusual process by Washington; the capture, public denunciation and indictment of Castro's spies would not happen if the intention were the understanding, appeasement or normalization of relations with Havana.

This is not good news for Fidel Castro, but at the same time, it largely dismantles the argument of some amongst us, whose argument and approach to the Cuban situation is characterized by an unblemished anti-Americanism, sometimes more visible than the anti- Castro sentiment that supposedly motivates them.

Thus, constantly announcing the "imminent " pact or agreement between the United States government and the dictatorship of Fidel Castro, when no secret entente designed to exclusively favor the tyrant existed between the two. Even as I write this, no one has up to this minute seen this pact anywhere.

Either way, a constant toxic state is maintained between Miami and Washington that severely hampers what should be a profitable relationship for Cuba’s freedom. Since it cannot help or cease agitating you, you characterize daily with the worst insults — and worst of all, condemn as “anti-Cuban heresy” — any attempts to review our own errors. If we do not have them, then we do not commit them. To talk about it “plays into the enemy”. The Americans are to blame for all our ills, and that's final.

I do not mean that Washington should be excused from their mistakes, past and present, as far as Cuba is concerned. I do not mean you have to blindly trust anyone. I do not mean that there are no people within all branches of this country’s government that would give their soul to have an understanding with Castro. I do not mean that there are none who suffer from some perverse admiration for the despot. I do not mean that if he lets himself be wanted, if the circumstances were different, they wouldn’t already be in full collusion.

I'm not talking about what could potentially be but rather what is at this moment, of something that was revealed with the public “uncovering” of these alleged spies for Castro in Miami.

Of course there are those that would say otherwise, and would attributed what happened to the more sinister ploy of the "great conspiracy" whose supposed main objective — unexplained and inexplicable — is to "oxygenate " Fidel Castro to keep him in power for ever and ever. Remember, however, I spoke of conjecturing from logic, not from delirium.

Many other interesting conclusions can be drawn from the "case of the spies" and without doubt, the coming days will provide more material to draw from. We are aware that this is getting interesting. Very interesting, hickory.

Diario Las Américas, viernes, 2 de octubre 1998, página A-4
Por Julio Estorino

El pasado 24 de agosto, James Foley, portavoz del Departamento de Estado, al comentar la visita del dictador Fidel Castro por la República Dominicana, identificó a éste claramente como el obstáculo para el cambio democratizador en Cuba, al decir que el régimen por él encabezado es “impermeable a influencias externas”. Asimismo, el citado funcionario expresó que el final de ese régimen es solamente cuestión de tiempo. Y dijo también que los gobiernos que deciden relacionarse con La Habana están en la obligación moral de hacerlo de un modo que aliente un cambio fundamental y sistemático de las autoridades cubanas.

El 2 de septiembre, la Voz de los Estados Unidos lanzó al mundo un editorial de fuerte tono, diciendo que éste es el momento para un cambio fundamental en Cuba, calificando a la dictadura como “un anacronismo patético” y manifestando al final una categórica convicción en el futuro de libertad que aguarda al pueblo cubano.

Al día siguiente, Washington negó permiso a la empresa Alamar para el viaje a Cuba de un grupo de empresarios que planeaba reunirse allá con funcionarios castristas, “para analizar futuras oportunidades de negocios”. La Administración Clinton dijo que la pretendida reunión sería contraria a la política del país, ya que, de celebrarse la misma, beneficiaría al gobierno de Cuba, no al pueblo cubano. Los organizadores del aquellare, concebido como un poco disimulado intento de socavar el embargo, se quedaron como la novia de Pacheco, vestidos y alborotados.

El 14 del propio mes, diez cubanos residentes del Gran Miami fueron arrestados por las autoridades federales, bajo la acusación, nada trivial por cierto, de ser realmente espías de Castro, entre cuyos objetivos estaba la obtención de información sobre instalaciones militares de Estados Unidos.

Menos de dos semanas después, el día 25, ante la Asamblea General de Naciones Unidas, el representante en funciones del gobierno de Estados Unidos, Peter Burleigh, contestó una sarta de diatribas que Roberto Robaina, el canciller fidelista, había dirigido el día anterior contra este país.

“El ataque del Ministro de Exterior de Cuba contra los Estados Unidos — dijo el representante de Washington — refleja el temor del gobierno de Cuba a una transición democrática pacífica y al respeto a los derechos humanos”. Y continuó diciendo: “Yo le pregunto dos cosas a esta Asamblea: “¿cuándo permitirá el gobierno de Cuba que el pueblo cubano determine su propio futuro mediante elecciones libres y justas? ¿Cuándo liberará Cuba a los prisioneros políticos que languidecen en las cárceles porque lo que quieren ver es una Cuba estable y democrática?”. Terminó su intervención el Sr. Burleigh recordándole a Robaina un pensamiento martiano: “Libertad es el derecho que todo hombre tiene ser honrado y a pensar y hablar, sin hipocresía”.

Para cerrar el mes, ayer, día 30, el Departamento de Estado volvió a hablar sobre Cuba por boca de uno de sus portavoces. Tras condenar en términos inequívocos el ensañamiento del castrato contra los reconocidos opositores Marta Beatriz Roque Cabello, Vladimiro Roca Antunez, Félix Bonne Carcasés y René Gómez Manzano, dijo el representante de la política exterior de Clinton: “La historia no absolverá a Fidel Castro o a su gobierno por violar los derechos humanos y por el prolongado sufrimiento del pueblo cubano”.

¿Revela todo lo anterior una “línea dura” de Washington frente al régimen de Fidel Castro” Se argumenta, en sentido contrario, que esta Administración inició y mantiene la práctica de devolver a Cuba a los balseros cubanos que tratan de alcanzar las costas de esta nación, pero hay que reconocer que sitien ello es indefendible por lo inhumano, políticamente no es nada que beneficie a Castro, sino todo lo contrario. Curiosamente, algunos de los que se rasgan las vestiduras y censuran con mayor vehemencia a “los americanos” por la repatriación de cubanos, con no menor vehemencia los censuraban ayer por “permitirle al tirano usar esa válvula de escape” ya que “pensando en irse de Cuba no se emprende la guerra necesaria”.

Igualmente se podrá decir que no se aplican todos los acápites de la ley Helms Burton, pero hay que decir también que, a pesar de presiones y predicciones en su contra tanto la ley Helms Burton como el embargo están ahí, gracias en gran medida a que tenemos la suerte de tener a un partido en control del Congreso y al otro en la Casa Blanca, lo cual mantiene al caso cubano como uno de relativo valor político-electoral para amos partidos.

Y también se podría mencionar que hace unos días solamente, el gobierno de Estados Unidos pidió a los de Centroamérica mayor énfasis en la represión de actividades calificadas como terroristas, supuestamente promovidas por exiliados cubanos en contra de esa tiranía que ellos mismos — los Estados Unidos — condenan.

Hay que recordar que Washington, desde hace muchos, muchos, años, no ha perdido ocasión de reiterar que quiere la libertad de Cuba, pero la quiere únicamente por medios pacíficos, posición con la cual concuerdan muchos cubanos. Otros, para alcanzar tan justo objetivo, aceptan cualquier medio, cualquiera. Y otros decimos cualquier método moralmente justificable, lo cual excluye la violencia indiscriminada. En este caso, como vemos, la diferencia está en el camino, no en la meta.

Yo no pongo ni quito. He tratado de relacionar lo más objetiva y desapasionadamente posible algunos de los hechos y las manifestaciones más relevantes que le dan su contexto actual a la posición del gobierno de los Estados Unidos respecto a Cuba. Ciertamente, esos hechos y esas palabras no indican simpatía alguna por Fidel Castro y su régimen, ni tienden, en ningún sentido, a ayudar a éste a mantenerse en el poder.

¿Se justifica, pues, la permanente retórica antiyanqui a que nos someten aquí, tan parecida a la que escuchamos desde La Habana? ¿Es inteligente, ayuda a nuestra causa, nos gana amigos? ... ¿A quién beneficia una consuetudinario enfrentamiento entre Washington y Miami?

No importa cuál partido ocupe la Casa Blanca, no importa cómo se llame el presidente, Washington va a procurar siempre lo que considere ser sus intereses propios y eso es lo que hacen todos los gobiernos Sabiendo eso y ceñidos a la verdad, nosotros debemos procurar los nuestros. Para ello, en el mundo de hoy, hay que dejar la exasperación demagógica, servir al ideal y ver las cosas como son: los que tienen pocas municiones no pueden darse el lujo de confundir el blanco, ni echarse al mundo de enemigo.

Diario Las Américas, Friday, 2 October 1998, page A-4
Julio Estorino

On August 24 the State Department spokesperson, James Foley, commenting on the visit by the dictator Fidel Castro to the Dominican Republic, clearly identified him as the obstacle for achieving democracy in Cuba, saying his regime is "impervious to external influences.” The official also said that it is only a matter of time before the regime’s end. He also said that governments that choose to engage with Havana have a moral obligation to do so in a way that encourages a fundamental and systematic change by the Cuban authorities.

On September 2, the Voice of America launched, to the world, an editorial with a strong tone that said, this is the time for a fundamental change in Cuba, calling the dictatorship "a pathetic anachronism" and expressing in the end an emphatic belief in the freedom that awaits the Cuban people in the future.

The following day Washington denied the company Alamar permission to send a group of businessmen to travel to Cuba, which planned on meeting with Castro’s officials, "to discuss future business opportunities.” The Clinton Administration said the proposed meeting would be contrary to U.S. policy, and if it were to go ahead that it would only serve to benefit the Cuban government, not the Cuban people. The organizers, designed as a thinly veiled attempt to undermine the embargo, were left as Pacheco's bride, all dressed up and rowdy.

On the 14th of the same month, ten Cuban residents of Greater Miami were arrested by federal authorities on charges, that weren’t trivial by any means, of being Castro’s spies whose objective was to obtain information on U.S. military installations.

Less than two weeks later, on the 25th, the United States representative before the UN General Assembly, Peter Burleigh, responded to a series of diatribes that Roberto Robaina — Fidel’s Foreign Minister, had directed to this country the previous day.

“The attack by Cuba’s Foreign Minister against the United States” — said the Washington representative — “reflects the Cuban government’s fear of a peaceful democratic transition in respect to human rights.” He continued: “I ask this Assembly two things: when will the Cuban government permit the Cuban people to determine their own future through free and fair elections? When will Cuba release the political prisoners languishing in jails because what they wanted was to see a stable and democratic Cuba?" Mr. Burleigh concluded his intervention by reminding Robaina of one of Marti’s thoughts: “Freedom is the right that every man has to be honest and think and speak without hypocrisy.”

To close the month yesterday, the 30th, the State Department again spoke about Cuba through one of its spokespersons. After condemning in no uncertain terms the cruelty of Castroism against its opponents; Marta Beatriz Roque, Vladimiro Roca Antunez, Felix Bonne Carcasés and René Gómez Manzano, the representative of Clinton’s foreign policy said: "History will not absolve Fidel Castro or his government for violating human rights and for the long suffering of the Cuban people".

Does the above show Washington’s "hard line" against Fidel Castro’s regime? It is argued, on the contrary, that this administration began and continues the practice of returning to Cuba the Cuban rafters trying to reach the shores of this nation. We must recognize that even besieged it is indefensible because of its inhumanity, but politically it is not something that benefits Castro, quite the opposite. Interestingly, some who pull at their hair and most vehemently criticize "the Americans" for the repatriation of Cubans, no less vehemently were yesterday critical for "permitting the tyrant to use this escape valve" given that "thinking of leaving Cuba does not set off the necessary war.”

It can also be said that all the paragraphs of the Helms Burton Act have not been applied, but it must also be said that despite pressures and bad forecasts against it, the Helms Burton Act like the embargo, is still there, thanks largely to having the fortune of having the Congress controlled by one party, with the other party in the White House, which maintains the Cuban case as a relatively valuable political matter – electorally for both parties.

It can also be mentioned that just in the last few days the United States government asked the Central Americans to focus on repressing activities that could be identified as terrorist, supposedly promoted by Cuban exiles against the tyranny, whom they themselves - the United States - condemn.

It must be remembered that for many, many years Washington has not lost an opportunity to reiterate that it wants freedom for Cuba, but it wants this to be achieved through peaceful means, a position which many Cubans agree with. Others that are trying to achieve this just outcome accept any means, any. And others of us say, by whatever morally justifiable method, excluding indiscriminate violence. In this case, we see, the difference is on the method not the goal.

I don’t give or take. I have tried to relate the most objective and possibly dispassionate facts and important events that provide the current context for the United States position on Cuba. Certainly, these facts and these words do not indicate sympathy for Fidel Castro and his regime, or tend to in any way to assist him stay in power.

Is it justified, therefore, the continuing anti-American rhetoric to which we are subjected to that is similar to what we hear from Havana? Is it wise, does it help our cause, does it win us friends? ... Who benefits from a customary confrontation between Washington and Miami?

It doesn’t matter which party occupies the White House, it doesn’t matter what the president’s name is, Washington will always follow what they consider to be in their own interest, which is what all governments do. Knowing this and keeping close to the truth, we must ensure we have everything we need. For them, in today's world, the demagogic exasperation must be left behind, to serve the ideal and see things as they are: those who have little ammunition cannot afford to confuse the target, nor throw itself into the enemy’s world.

Diario Las Américas, viernes 14 de mayo, 1999, página 4-A
Julio Estorino

El gobierno de los Estados Unidos ha acusado formalmente a varios agentes de la dictadura castrista que actuaban en el sur de la Florida, de conspiración para asesinar, con motivo del derribo de los aviones de Hermanos al Rescate y su trágico saldo de cuatro muertos, el 24 de febrero de 1996.

El encausamiento oficial tuvo lugar el viernes de la semana anterior, en una corte federal de Miami y, según los cargos formulados, el hecho, que fue calificado desde el principio por el exilio cubano como un "fusilamiento en el aire", fue deliberadamente planeado y ejecutado por la Dirección de Inteligencia del gobierno cubano.

Los detalles que menciona la acusación han sido sobradamente divulgados y, quiérase o no, constituyen un espaldarazo moral a Hermanos al Rescate y a su presidente, José Basulto. Queda claro en lo argumentado por los fiscales que el brutal atentado no fue la respuesta apasionada a una provocación, sino una agresión fríamente calculada; un crimen con todos los agravantes y la alevosía.

Esto debiera hacernos meditar un poco sobre nuestra propia conducta y sobre la ligereza con que permitimos que, en muchas ocasiones, crezca la cizaña entre nosotros, víctimas todos de un mismo victimario. Más de una vez escuché alguna insinuación desafortunada que pretendía hacer caer sobre el presidente de Hermanos al Rescate al menos parte de la responsabilidad en el trágico final de la misión de aquel 24 de febrero.

No me es difícil imaginar cuánto tiene que haber dolido ese dardo al corazón de Basulto y sí me es duro entender como podemos permitir, con autodestructiva frecuencia, que las pequeñeces nos roben grandeza. En gran medida, la paulatina comprobación del crimen y sus circunstancias, que todo aquel que conozca medianamente al régimen castrista podía prever, reivindican la ejecutoria del dirigente de la humanitaria organización, cosa que, para quienes le conocemos, él nunca necesitó.

Es de suponer que los fiscales y los investigadores conozcan su trabajo, es alentador ver que esta acusación formal toma cuerpo y que, al fin, Washington parece que comienza a encarar como es debido el quehacer de la larga y criminal mano del castrismo aquí, en el propio territorio de los Estados Unidos.

Sin embargo, no habrá justicia completa hasta que todo se esclarezca y se aplique ésta a todos los responsables del crimen. ¿Puede alguien que se tome en serio suponer que una operación de tan alta sensibilidad pudiera diseñarse y llevarse a cabo sin la anuencia, es más, sin la orden directa de Fidel Castro?... ¿Puede alguien pensar que el autócrata que se preocupa hasta de supervisar el entrenamiento de un equipo de béisbol, pudiera dejar algo como lo que nos ocupa, en manos de otros?... ¿Es acaso concebible que el ególatra que presume de "controlarlo todo" en la isla, no estuviese también en control de algo tan delicado?

Todo esto debe ser probado y no debe ser muy difícil hacerlo. Pero, para ello, sería recomendable — imprescindible, diría yo — cierto nivel de cooperación entre el gobierno de Estados Unidos y Hermanos al Rescate. Sin renunciar al esclarecimiento total de los hechos, que incluiría una depuración de responsabilidades también de parte de algunos funcionarios del gobierno de este país, es claro que no debe perderse este minuto, y que se debe continuar trabajando con inteligencia y fervor hasta ver al propio dictador en el banquillo de los acusados, que es donde debe de estar.

Cuarenta años hemos esperado los exiliados cubanos para que se empiece e reconocer, tácitamente siquiera, que no han sido exageradas, ni tergiversadas, ni mentirosas nuestra denuncias sobre la vileza y la maldad de Fidel Castro y del sistema de gobierno por él impuesto a nuestro pueblo. Esa vileza y esa maldad tocan ya la geografía de los Estados Unidos y a ciudadanos de este país y es hora de que se actúe en consecuencia: que sea encausado Fidel Castro también y junto con él, todos los que tuvieron participación en este crimen infame.

Es hora de que se haga justicia.

Diario Las Américas, Friday, May 14, 1999, Page 4-A
Julio Estorino

The United States government has formally indicted a number of agents from Castro's dictatorship who were operating in South Florida, with conspiracy to commit murder, in relation to the downing of the Brothers to the Rescue airplanes and their tragic toll of four deaths on February 24, 1996.

The official indictment was presented last Friday in a federal court in Miami and, according to the formulated charges, the act that was described from the beginning by Cuban exiles as a "mid-air execution" was deliberately planned and executed by the Cuban government's Intelligence Directorate.

The details mentioned in the indictment have been widely publicized and, like it or not, they give a moral boost to Brothers to the Rescue and its president, José Basulto. It is clear from the prosecution's arguments that the brutal attack was not a heated response to a provocation, but a coldly calculated aggression; a crime in every sense, aggravated and perfidious.

This ought to make us think a bit about our own conduct and the ease with which we often allow for the weeds to grow among us, all of us victims of the same victimizer. More than once I've heard an unfortunate insinuation about at least part of the responsibility for the tragic end of the mission on that February 24th resting with the president of Brothers to the Rescue.

It's not hard for me to imagine how much this barb to Basulto's heart must have hurt, and yes, it is hard for me to understand how we can allow, often in such a self-destructive way, for trivial things to rob us of our greatness. In large measure, the gradual proof of the crime and its circumstances, which anyone with even partial knowledge of the Castro regime could have foreseen, vindicates the conduct of the leader of the humanitarian organization, something that, for those of us who know him, he never needed.

Presumably, the prosecutors and investigators know what they must do, and it is encouraging to see this formal indictment take shape and that, at last, it seems that as it should, Washington will begin to properly address Castro's long criminal arm here, on U.S. soil itself.

However, justice will not be served until everything is clarified and everyone responsible for the crime is judged. Can anyone seriously imagine that such a highly sensitive operation could be designed and carried out without consent, or even more, without a direct order from Fidel Castro? ... Can anyone believe that the autocrat who micromanages the training of a baseball team could leave something such as this in the hands of others? ... Is it even conceivable that the egomaniac who presumes to "control everything" on the island would not also be in control of something so delicate?

All of this should be proven and it shouldn't be very hard to do it. But, to do so, a certain level of cooperation between the U.S. government and Brothers to the Rescue would be recommended - I'd say essential. Without giving up total clarification of the facts, which would also include an investigation into the responsibility of certain government officials in this country, it's clear that this opportunity should not be lost and that the work must continue with intelligence and fervor until the dictator himself is in the dock where he belongs.

The Cuban exiles have waited forty years for the beginning of a recognition, even an implicit one, that their denunciations about the vile and wicked nature of Fidel Castro and the system of government he has imposed on our people, have not been exaggerations, mistakes, or lies. This vileness and wickedness has already reached U.S. territory and its citizens and it's time for the consequent actions to be taken: that Fidel Castro be indicted as well, along with everyone who participated in this infamous crime.

It's time for justice to be done.

Diario las Américas, viernes, 5 de enero 2001, página 4-A
Julio Estorino

El juicio que se sigue en Miami contra un número de cubanos acusados de ser espías del régimen castrista está sirviendo, si no para otra cosa, para probar, al menos, si no para otra cosa, para probar, al menos, la cordura y seriedad de los desterrados que desde siempre han proclamado su convicción de que Fidel Castro es capaz de todo lo malévolo, lo falso y lo inescrupuloso, sobre todo si va dirigido contra los Estados Unidos o contra las organizaciones y los personajes más destacados del exilio.

Por sugerir la posibilidad de que “la larga mano del castrismo”, haya estado involucrada en acontecimientos y problemas ocurridos en Miami, los exiliados hemos sido ridiculizados por largo tiempo y se nos ha acusado de falta de objetividad, de apasionamiento excesivo y hasta de manipular la verdad. En muchos casos la prensa de los Estados Unidos nos ha descarácterizado y nos ha hecho aparecer como una entelequia alucinada y no muy ética que digamos, muy poco diferente a los mismos que mandan en La Habana.

Se nos ha mirado con escepticismo y se nos ha calificado ácidamente cuando hemos dicho, por ejemplo, que agentes de la dictadura castrista bien pudieran ser los autores reales de algunos hechos terroristas acaecidos en el transcurso del tiempo contra elementos aparentemente afines a la propia dictadura, o cuando hemos señalado la posibilidad del quehacer infiltrado en las divisiones que a veces sacuden a nuestras organizaciones, en las campañas de descrédito, abiertas o solapadas, contra algunos dirigentes y en la asunción de posturas extremistas que cuestionan nuestra sensatez o nos enquistan con la opinión pública de este país.

Bueno, pues, no espero que los “expertos en cuestiones cubanas” de la gran prensa de algunas universidades y de no pocos “think tanks” lo reconozcan algún día, pero cada vez parece haber más evidencias de que no estamos tan locos, ni hemos mentido, ni exagerado al denunciar a Fidel Castro y sus colaboradores como los canallas que son.

Por si no bastara con la vesania demostrada al derribar los aviones de Hermanos al Rescate sobre aguas internacionales, con alevosía y frío cálculo, salen a la luz ahora los esfuerzos de los servicios secretos del castrato por encontrar puntos de infiltración de armas y explosivos en las costas de este país, tarea que específicamente encargaron a algunos de los implicados en esta red de espías... la única que ha sido descubierta y está siendo juzgada.

¿Encontraría el gobierno de Fidel Castro esos sitios que buscaba, propicios para el desembarco de metralla subversiva en los Estados Unidos?... Si mi nombre fuera Inocente, tal vez me estaría preguntando para qué los querría.

Bien sabido es que en el mundo de las relaciones internacionales, especialmente el de las relaciones entre adversarios, enemigos, etc. El espionaje mutuo es tomado como una actividad normal, con sus propias reglas, sobreentendidas estas por las partes en juego. — “Ustedes en Miami se preocupan demasiado por estas cosas – me dijo hace años un funcionario washingtoniano – Ellos nos espían a nosotros, y nosotros los espiamos a ellos”...

¿Seguirá imperando esa cínica actitud, ahora que se anuncia que se le apretarán las clavijas al castrato con el cambio presidencial? Yo no lo sé, pero sí sé que hay ya cuatro asesinatos por medio, que hay evidencias de intentos subversivos y, dicen algunos, evidencia también, y más que suficiente, de la complicidad castrista en los envíos de drogas a costas estadounidenses.

Curiosamente, las revelaciones hechas en el juicio a los acusados de ser espías al servicio de Castro no están teniendo resonancia alguna en la prensa nacional, ni en los círculos políticos más influyentes. El americano promedio no se está enterando de nada y esto hace poco probable que el gobierno de Estados Unidos actúe en consecuencia, o que veamos algún día un titular en el New Cork Times, o que escuchemos a alguno de los más renombrados conductores de noticieros televisivos, diciendo, simplemente “No están tan locos como hemos dicho los exiliados cubanos de Miami”.

Yo no espero escuchar nunca esa verdad. Pero me sentiría más tranquilo si supiera que los que no quieren admitirla, saben por lo menos, que es así. Por lo pronto, nos seguirán llamando extremistas, poco objetivos, exagerados, etc. Y los espías que no han sido desactivados continuarán su trabajo. Nosotros, los exiliados, continuaremos el nuestro, porque, la verdad, es la verdad... ¿qué le importa a la lechuza que le griten solavaya?

DDiario las Américas, Friday, 5 January, 2001, page 4-A
Julio Estorino

The trial that is ongoing in Miami against a number of Cubans accused of being spies for Castro's regime is serving, if for nothing else, at least, if for nothing else, to prove, at least, the good sense and seriousness of the exiles who have been proclaiming forever their conviction that Fidel Castro is capable of everything evil, false and unscrupulous, above all if it can be directed against the United States or against the most distinguished people and organizations among the exiles.

For suggesting the possibility that "the long arm of Castro-ism" has been involved in the events and problems taking place in Miami, the exiles have been ridiculed for a long time and we've been accused of lacking objectivity, of being excessively passionate and even of manipulating the truth. In many cases, the press in the United States has mischaracterized us and made us appear as though we are hallucinating dreamers and not very ethical in what we say, not so different than the same kinds of people who direct things in Havana.

They have looked at us with skepticism and have acidly marked us when we've said, for example, that agents from the Castro dictatorship might well have been the real authors of terrorist acts that have occurred over time against elements apparently similar to the dictatorship itself, or when we've pointed out the possibility that they are tasked with infiltrating themselves in the divisions that sometimes shake our organizations, in the campaigns, open or covert, to discredit, against certain leaders and in taking on extreme positions that question or wisdom or turn the public opinion in this country against us.

Ok, well, I don't expect that the "experts on Cuban questions" in the major media, at certain universities, and not a few "think tanks" will acknowledge it at some point, but increasingly it seems that there is more evidence that we're not that crazy, nor have we lied, nor exaggerated our denunciations of Fidel Castro and his collaborators as the scoundrels they are.

For if the insanity shown in the downing of the airplanes from Brothers to the Rescue over international waters, with cold, malicious calculation, were not enough, now it comes to light that Castro's secret services have been trying to find infiltration points for weapons and explosives on the coastlines of this country, a task that was assigned to some of those implicated in this spy network...the one that has been discovered and is being tried.

Would Fidel Castro's government find those sites it was looking for, conducive to the unloading of subversive weaponry in the United States? ... If my name were Inocente, maybe I'd be asking what they wanted it for.

It's well known that in the world of international relations, especially that of relations between adversaries, enemies, etc., mutual espionage is seen as a normal activity, with its own rules, unwritten by the parties in the game. "You people in Miami worry too much about these things," an official in Washington told me years ago. "They spy on us and we spy on them"...

Will this cynical attitude continue to rule, with the announcement now that the change in presidents will tighten the screws on Castro? I don't know, but I do know that there are already four murders that have happened, that there is evidence of subversive attempts, and some say, also evidence and more than enough of it, of Castro's complicity in sending drugs to the U.S. coasts.

Curiously, the revelations made in the trial of those accused of being spies at the service of Castro are not coming out at all in the national press, nor in the most influential political circles. The average American is not aware of anything and this makes it unlikely that the United States government will take consequent action, or that one day we might see a headline in the New York Times, or that we might hear one of the most famous anchors on television news saying, simply, "Those Cuban exiles in Miami are not as crazy as we've said."

I don't expect to hear that truth ever. But I would feel calmer if I knew that those who don't want to admit it at least know that's how it is. In the meantime, they will continue to call us extremists, not objective, exaggerated, etc. And the spies that have not been de-activated will go on with their work. We, the exiles, will continue with our own, because, the truth is the truth... "I don't care what you say, I know I'm right, the truth is on my side."*

*Translator's note: the italicized portion above is not a literal translation of the words which make no sense at all in the English context, but of their meaning. The original Spanish quote refers to a bird of ill omen and people who tell it to get lost. — S.A.

Diario Las Américas, viernes, 2 de febrero 2001, página 4-A
Julio Estorino

El juicio que se está siguiendo en Miami contra un grupo de agentes de la tiranía castrista acusados de espiar para la misma, está ofreciendo multitud de detalles sobre el modus operando de los enfrascados en esa detestable labor.

Quiero referirme a uno de esos detalles el que debiera ser el menos sorprendente de todos. Se ha revelado que una de las tareas de los agentes de Fidel Castro en Miami es la de manipular al exilio “cizañar”, promover las pugnas y las reacciones contraproducentes... nada nuevo en fin de cuentas, que ya en tiempos inmemoriales Maquiavelo consagró lo que el diablo ha sabido desde Cain y Abel: “divide y vencerás”.

Esto, no por simple es irrelevante todo lo contrario. Lejos de toda paranoia y basándonos únicamente en datos ofrecidos por agencias oficiales de gobierno de Estados Unidos, tenemos que recordar que suman miles las personas que de una forma o de otra, trabajan para el régimen de La Habana en este país, en funciones no declaradas y que se concentran en los lugares de mayor población exiliada.

¿Te has preguntado alguna vez cuáles son las labores asignadas a esos agentes castristas que se mueven entre nosotros? Ciertamente, no hay guerrillas del barbudo por esos lares y aunque en ocasiones hayan recurrido al terrorismo, ello no es cosa de todos los días. Se sabe de algunos cuya tarea es la búsqueda de fondos, para lo cual establecen negocios con el fin de violar el embargo y enviar las ganancias hacia la isla, y es evidente que hay otras tareas, como la promoción de objetivos públicos del régimen — la derogación de la Ley de Ajuste Cubano, por ejemplo — en las cuales se dan la mano los agentes visibles y los tontos útiles.

Pero, ¿qué hacen, en qué emplean su tiempo esos centenares o miles de agentes no declarados, los que posan de anticastristas? Pues, si o están poniendo bombas en Miami todos los días — y no lo están — ni están asesinando dirigentes de organizaciones anticastristas — y no lo están — ni está la mayor parte de ellos realizando operaciones financieras de envergadura a favor de la dictadura — y no lo están — sólo nos queda pensar que están dedicados a la labor de zapa que ha sido quehacer de estos elementos desde que se trazaron las primeras fronteras en la cáscara de la tierra.

Son los que difaman, los que desprestigian, los que calumnian a cuanto exiliado se destaca positivamente. Los que están en el chisme y la murmuración de organización en organización y de radioemisora en radioemisora. Los que le dicen a este que el otro dijo... los que asumen las posiciones más extremas y arrojan dudas sobre el patriotismo de todos los demás. Los que enquistan a un dirigente contra otro, los que “encienden candela” entre un comentarista y otro, los que estimulan rivalidades y aúpan entre nosotros peregrinas luchas por un poder que no existe.

Déjame decirte que la tarea les resulta fácil a los agentes de Castro. Tienen de materia prima la pobre condición humana. Se valen, por otra parte, de la envidia y del poco respeto a la honra ajena que son maldición de nuestra raza, así como de la lengua, que con tanta irresponsabilidad muchos les prestan a ellos, para terminar haciéndoles el trabajo.

Así, se ataca al Fundación, al Foro Patriótico, al Directorio, a los grupos pro derechos humanos y a toda otra organización anticastrista, tal como lo hace Fidel Castro. Así, por la maledicencia y la lipidia se invalidan desde adentro agrupaciones que hubieran podido ser efectivas contra el castrismo, tal como lo hubiese soñado Fidel Castro. Así se está continuamente revisando el pasado de los demás, arrojando sospechas sobre los disidentes y pidiéndonos cuentas entre nosotros, tal como le gustaría a Fidel Castro. Así, se le enfilan los cañones a Radio Martí, y se le imputan motivaciones bastardas a cuanto compatriota trata de hacer algo positivo por Cuba, tal como le gusta a Fidel Castro. No hay reputación a salvo, no hay historial respetable para los agentes del castrismo, ni para los malaslenguas del exilio.

No hay que andarse con chiquitas, no. Si detestables son los agentes, los espías de Fidel Castro, más detestables, y estúpidos además, son los que, siendo anticastristas, o diciendo que lo son, contribuyen tan eficazmente, con sus lenguas venenosas, a esa labor de zapa cuyo único beneficiario es el propio tirano.

En esto llevamos 42 años. ¿No será que, justamente, en el pecado llevamos la penitencia?

Diario Las Américas, Friday, 2 February, 2001, page 4-A
Julio Estorino

The trial being followed in Miami, against a group of agents from Castro’s tyranny that are accused of spying for the same, offers many details about the modus operandi of those engaged in this detestable work.

I want to refer to one of the details, which should be the least surprising of all. It was revealed that one of the tasks of the agents of Fidel Castro in Miami is handling the exile “weeds,” to promote conflict and counterproductive reactions ... nothing new. After all it was already enshrined in ancient times, as Machiavelli consecrated what the devil has known since Cain and Abel: "divide and conquer."

This is not irrelevant because of its simplicity. To the contrary, far from all paranoia and solely based on facts provided by official agencies of the United States government, we must remember that thousands of people in this country work for the regime in Havana in one form or another, in undeclared functions that focus on the most populated places of those in exile.

Have you ever wondered what tasks are assigned to Castro’s agents who move amongst us? Certainly there are no guerrillas of the bearded one in those lares, and although they have sometimes resorted to terrorism, this is not an everyday thing. We know of some whose task is to seek funds to establish a business with the aim of violating the embargo and sending the profits to the island. It is clear that there are other tasks, such as promoting the regime’s public objectives — the repeal of the Cuban Adjustment Act, for example — in which the visible agents shake hands with the useful idiots.

But what do they do, how do the hundreds or thousands of undeclared agents — that pose as being anti-Castro — spend their time? Well, if they are not planting bombs in Miami every day — and they are not — nor are they killing leaders of anti-Castro organizations — and they are not — nor are most of them making major financial transactions for the dictatorship — and they are not — it leaves us thinking they dedicated to the labor of undermining, which has been the task of these elements ever the first borders were drawn on the surface of the earth.

They are the ones that defame, discredit and slander the exile who stands out positively. The ones that gossip and spread rumors from organization to organization, and radio station to radio station. Those who say to one that the other said... those who take extreme positions and cast doubt on the patriotism of all others. Those that pit one leader against another, those who “light fires” between a commentator and another, who encourage rivalry amongst our pilgrim struggle for power that does not exist.

Let me tell you that the task is easy for Castro’s agents. They have the raw product of the poor human condition. They rely on the other hand on the envy and disrespect of others honored, that is a curse of our race and our tongue, that with much irresponsibility many lend themselves to, to assist them in completing their job.

This is how the Foundation, the Patriotic Forum, the Board, the human rights groups and all other anti-Castro organizations are attacked, the same way Fidel Castro does. Thus, through gossip and defamation from within groups that could have been effective against Castro, just as Castro would like. This is how the past of others is continually being reviewed, by throwing suspicion on dissidents and asking them to account for themselves, just as Fidel Castro would like. This is how Radio Martí’s cannons are lined up, and how compatriots are blamed for bastard motivations for trying to do something positive for Cuba, just as Fidel Castro likes. No reputation is safe, there is no respectable history for Castro’s agents, nor for the gossiping exile.

We shouldn’t be going about this in a small way, no. If the agents are detestable —Fidel’s spies — more detestable and stupid as well, are the ones that, being anti-Castro or pretending to be, are contributing so effectively with their poisonous tongue to the work of undermining, whose only benefit is to the tyrant himself.

We have been at this for 42 years. Could it be just, that our penance is in our sin?